Carta a Emma Bovary:
¿Qué
hace que seas desdichada? No soporto verte sufrir de esa manera. Tú, una dama
de alta categoría, una mujer de sentido profundo que ves la rosas del holocausto
en tus manos, que juegas con el polen del olor de los hombres, con al margarita
del jardín que crece en parís y que algún día pensé que llegarías al lado mío.
Te buscó, me buscas…. ¿Qué buscabamos? El placer es una de las màs adictas
confusiones del sentido de la vida, y buscabas una flor en el bosque a mi lado,
una de tantas que desprendes al lado de tus amantes, de los que amaste en tus
lecturas efímeras como arrancando los petalos de una margarita. Eras única… eras
la mujer que cualquier lector desea, y tienes que perder la vida por una
sencilla y mágica pasión…. ¿Veo tu rostro al lado de tu marido Charles? Lo veo,
y siento curiosidad por verte junto a mi pecho como tantas y tantas tardes en
desvelo al pie de la felicidad que puede experimentar un simple fiel lector.
Haces sufrir a quien te creo heroína, a una simple niña que opodaste Berthe.
Una niña solitaria en un mundo tan inhumano, tan impredecible como las gotas al
llover, tan efímeras como el humo de un vicioso al absorber el cigarro y soplar
el humo y verle hacer imágenes perdidas en el viento y el cosmos. Berthe, Berthe…
quedas solitaria en un mundo, como lo es un ciego en un desierto o como lo es
la mágica flauta de un artista que no desea que nadie le escuche, que nadie le
vea o que nadie lo impulse a continuar en un sí, sol.... Emma… eras una mujer
hermosa como ninguna otra ¿Dónde te buscare ahora que has huido?
A veces creo que es sencillo morir. Morir es una condición humana.
Inhumana en tu caso. Por ello, al lado de las palabras que te acompañan creo
verte en el paraíso de los desdichados, allá donde solo viajan quienes nada
tienen que hacer en la vida de los seres que viven y sufren. Si acaso eres una
flor que pierde su olor, si acaso eres una lágrima de muchos que te ven sufrir,
o si acaso están en algún otro lugar podría decirle que la fidelidad es una
tragedia para tu caso. Si mi ego sufre es por verte partir tan triste, tan sin
un lugar en donde se sienta la verdad de tu incomprensión con el mundo. Si como
lector he de leerle y de sentir que eres la más fiel construcción humana que
necesita el lector para escribirte después versos, y demás infames e ilusorias construcciones
de la mente. Una y tantas de una que pueden serle útiles a cualquier individuo
de la plebe, la burguesía o el hedonismo. Una sola, una tan sola en la cual mi
alma signifique algo para ti, y para el placer que me brindas como protagonista
de un mundo completo de inconformidad. A veces este hedor en mi línea recta de
pensamiento me pregunta por Charles, él pobre. Un solo ser que te amaba, comprendía
y confundía con la más fiel mentira del amor. De la aceptación. De ellas solo
eras una migra llaga con la jugaban a morder, morder hasta verle la sangre
fluir por los labios de sus labios al verle las cartas ante el vil retrato de
una infamia. Una de tantas. Una sola. Como muchas que ven sufrir y ven la vida
más cruel de la insatisfacción, de la mitigada e inconexa infelicidad. Por
azares como los tuyos tu esposo es una torpeza para los hombres que aman de
verdad. A ellos, a quienes se entregan enteramente a una mujer, como tú… ¿así
lo ves sufrir? Emma…, Emma. Así eres, como muchas. Una mujer inconexa, una
mujer que deseaba jollas… ¿Jollas
para quién? Una perdida y vaga esperanza de poseer. Una ilusión del oro, esas
son las jollas. ¿Para quienes desean lucirlas? Por ellos pereciste, por ellos
te convertiste en una Mujer Insustancial,
vaciá, hueca sin alma. Una mujer que pierde la dignidad pierde el deseo de
ser, de alegrarse quien es, y posee esa vil luz de la mujer histérica, de la
mujer que hace que todos mueran por él. En tus novelas no creo que representes
el papel Marcela, ese papel de amor,
de sosiego lleno de la llaga por la que Crisostomo
muere. Por él, y por muchos más como Charles ves las locas ideas de la vida
incomoda con la apatía de las Jollas,
de las dinámicas del sentido de una mujer sin lucro, sin armonía. Eres un
personaje. Sí. Seguramente. No de tantos y tantos, que la literatura nos place
cada día en comprender, en sentir como una ilusión pasajera de la realidad. Una
mujer. Que cualquier escritor se dignaría a subir a un altar. Así lo hizo Gustave Flaubert. Genial eres para él. Una
dama de permanencia única en la historia. Una dama que se enorgullece la
historia en ver luz, en dar alegría a la divina comedia de las letras. Si lees esta
carta solo quiero que me respondas algo: ¿aún me amas…?

No hay comentarios:
Publicar un comentario