Quiero ser el protector.
Quiero ver tus labios, amada mía.
Y si es pronto mi deseo,
Solo entonces quiero,
A tu lado querida mía,
Ser el Dios de la mayor alegría,
Que del letargo embriagador
Amada mía, eres el ser mas tramador.
Quiero sentir el cuerpo frágil.
Del cual mis manos átomo a átomo
deslizaron por cada rincón de tu cuerpo,
embriagados de pasión y anhelo
con la brizna de un futuro pasajero,
de todo el ser en mi impreso.
Quiero desear la silueta al caminar de tu cuerpo,
pues eres un espejismo claro el que he de
buscar como el agua
y del cual veo y anhelo
en una verdad impregnada en el fondo
de los más bellos recuerdos.
Y si por ellos mi vida transitara,
Pues quiero llegar al ocaso;
Allá, algún lugar.
En el que mi vida y la tuya,
Solo sean la providencia segura.
Quiero conocer la verdad de tu infancia.
Ella, es la mas desconocida.
En la rima más profunda de la vida,
de la cual el instrumento he perdido,
en una figura como una semicorchea
ilusa.
Quiero que me prometas que nunca me
dejaras.
Solo así nuestro bello aletargar se ira
al mas allá,
de besos cruzados y días esperados,
en la lucha por un porvenir y de un sobrevivir,
de nunca acabar en la agonía del amar.
