miércoles, 31 de enero de 2018

LECTURA COMPLEMENTARIA GRADO 11B

(Fotografía anexa con los permisos de los estudiantes de La Institución Educativa Gaspar de Rodas).

¿Por qué es tan malo Paulo Coelho?


Traducido a 56 idiomas, publicado en 150 países, con más de 54 millones de libros vendidos, a Paulo Coelho hay que reconocerle al menos una virtud: es una mina de oro para sí mismo y para las editoriales. En su libro de mayor éxito, El alquimista (1988), un pastor de ovejas andaluz viaja hasta las pirámides de Egipto en busca de un tesoro. Antes de llegar a su destino se encuentra con el gran mago que posee los dos pilares de la sabiduría alquímica, es decir, sabe destilar el elíxir de la larga vida y ha fabricado un huevo amarillo, la piedra filosofal, con cuya ralladura se puede convertir en oro cualquier otro metal.
En su viaje hacia las tumbas de los faraones el alquimista le ha revelado al muchacho otro secreto: “Cada hombre sobre la faz de la tierra tiene un tesoro que lo está esperando”. Luego le explica que si no todos encontramos este tesoro personal, es porque “los hombres ya no tienen interés en encontrarlo”. Sospecho que muchos desgraciados se consuelan creyendo semejante ingenuidad. Vista descarnadamente, es sólo una simpleza o una pía ilusión. Sin embargo hay algo que tenemos que conceder, y es que sin duda Paulo Coelho encontró su propio tesoro, en cierto sentido su piedra filosofal: la ralladura sosa y rosa y empalagosa de su prosa se convierte —como por arte de magia— en oro editorial, en millones de copias de consumo masivo de mediocridad. Pero ¿cómo lo hace? ¿Y por qué, siendo un escritor tan rudimentario en el uso del lenguaje, tan pobre en el pensamiento y tan elemental en sus recursos estilísticos, consigue tocar la sensibilidad de tanta gente?
 No voy a dar la respuesta más obvia e inmediata, la que todos dan: Si Coelho vende por sí solo más libros que todos los demás escritores brasileños juntos, esto se debe precisamente a que sus libros son tontos y elementales. Si fueran libros profundos, complejos literariamente, con ideas serias y bien elaboradas, el público no los compraría porque las masas tienden a ser incultas y a tener muy mal gusto. Claro que en los millones de ejemplares vendidos hay algo de esto. Pero también existen muchísimos libros tan malos como los de Coelho que no tienen ningún éxito y, al contrario, hay unos cuantos libros excelentes y literariamente impecables que se venden por millones. En vez de tranquilizarnos con respuestas facilistas y tautológicas (el vulgo es vulgar, el mercadeo vende), conviene examinar con cuidado los libros de Coelho y no desdeñarlos de entrada con altivo esnobismo. Me he impuesto el ejercicio de leerlos para tratar de descubrir en qué estrategias temáticas y narrativas podría residir su extraordinario éxito editorial.
 La primera respuesta que me di, apenas empezando la lectura de algunos de sus libros, fue que quizá Coelho disfrazaba de misterio y asombro las puras tonterías. Oigan esta, por ejemplo: “Era un día caluroso y el vino, por uno de estos misterios insondables, conseguía refrescar un poco su cuerpo”. De verdad, qué misterio insondable que un líquido quite la sed. Después me di cuenta de que sus técnicas narrativas no se agotan en la simple estupidez; son algo más hábiles y algo menos burdas.
 Para empezar, los libros de Coelho explotan hábilmente un universal humano: nuestra fascinación por los poderes de adivinación y conocimiento sobrenaturales. Ya Thomas Hobbes en su clásico Leviatán (1651) señalaba la irresistible atracción (y por lo tanto el fácil engaño) que padecemos los seres humanos ante todo tipo de presagios. Es una tradición muy antigua (una socorridísima mina de oro, una piedra filosofal) explotar esta debilidad de nuestra psicología. Copio el resumen que hace Hobbes de estos engaños, el cual es preciso y exhaustivo, y parece a su vez un resumen de las técnicas de seducción esotérica que Coelho utiliza en sus libros:
 “Así se hizo creer a los hombres que encontrarían su fortuna en las respuestas ambiguas y absurdas de los sacerdotes de Delfos, Delos, Ammon y otros famosos oráculos, cuyas respuestas se hacían deliberadamente ambiguas para que fueran adecuadas a las dos posibles eventualidades de un asunto (…). A veces en las frases desprovistas de significado de los locos, a quienes se suponía poseídos por un espíritu divino: a esta posesión se la llamaba entusiasmo, y a estos modos de predecir acontecimientos se les denominaba teomancia o profecía. A veces en el aspecto que presentaban las estrellas en su nacimiento, a lo cual se llamaba horoscopia. A veces en sus propias esperanzas y temores, en lo llamado tumomancia o presagio. A veces en las predicciones de los magos, que pretendían conversar con los muertos, a lo cual se llamaba nigromancia, conjuro y hechicería, y no es otra cosa sino impostura y fraude. A veces en el vuelo casual o en la forma de alimentarse las aves, lo que llamaban augurio. A veces en las entrañas de los animales sacrificados, a lo que llamaban aruspicina. A veces en los sueños; a veces en el graznar de los cuervos o el canto de los pájaros. A veces en las líneas de la cara, a lo que se llamaba metoposcopia; o en las líneas de la mano, palmis­teria; o en las palabras casuales, omina. A veces en monstruos o accidentes desusados, como eclipses, cometas, meteoros raros, temblores de tierra, inundaciones, nacimientos prematuros y cosas semejantes, lo que se llamaba portenta y ostenta, porque parecían predecir o presagiar alguna gran calamidad venidera. A veces en el mero azar, como en el acertijo de cara y cruz, en el juego de elegir versos de Homero y Virgilio, y en otros vanos e innumerables conceptos análogos a los citados. Tan fácil es que los hombres crean en cosas a las cuales han dado crédito otros hombres; con donaire y destreza puede sacarse mucho partido de su miedo e ignorancia”.
 Veamos de qué manera, “con donaire y destreza”, Paulo Coelho le saca partido a nuestra credulidad, a nuestras debilidades y a nuestra ignorancia. Me limitaré inicialmente a El alquimista, su obra más leída, pero el mismo procedimiento se puede rastrear en otros libros suyos. El pastor de ovejas andaluz, al principio del cuento, tiene un sueño y va donde una adivina para hacérselo interpretar. Qué deleite; la gitana no sólo le interpreta el sueño (“los sueños son el lenguaje de Dios”) sino que también le lee la mano. Los sueños del protagonista son el leitmotiv del libro, y es a través de ellos como poco a poco se acerca a su tesoro en el periplo Andalucía-Pirámides-Andalucía.
 Para que un mago cobre prestigio como persona capaz de predecir el futuro, mucho le conviene obrar el prodigio de adivinar el pasado. Éste es el paso siguiente en el libro de Coelho: un adivino escribe sobre la arena los episidios más significativos del pasado del joven protagonista, incluyendo la primera vez que se hizo la paja. Cabe aclarar que esta íntima revelación se expresa con palabras mucho más recatadas: “Leyó cosas que jamás había contado a nadie, como (…) su primera y solitaria experiencia sexual”.
 El tono sapiente (de una sapiencia falsa, pero en fin) y el ambiguo lenguaje oracular se van soltando en pequeñas dosis a lo largo del libro. Les copio algunos ejemplos: “Cuando deseas alguna cosa, todo el Universo conspira para que puedas realizarla”; “La vida quiere que tú vivas tu Leyenda Personal”; “Todo es una sola cosa”; “Existe un lenguaje que va más allá de las palabras”; “Dios escribió en el mundo el camino que cada hombre debe seguir: sólo hay que leer lo que Él escribió para ti”; “Cualquier cosa en la faz de la tierra puede contar la historia de todas las cosas”. Pero además de este tipo de enseñanzas baratas, de seducción infalible a pesar de su pésimo gusto intelectual, el uso de la magia tradicional también va apareciendo capítulo tras capítulo. Así, el protagonista, al promediar el libro, “acompaña con los ojos el movimiento de los pájaros”. Mira las aves: “De repente, un gavilán dio una rápida zambullida en el cielo y atacó al otro. Cuando hizo este movimiento, el muchacho tuvo una súbita visión: un ejército, con las espadas desenvainadas, entraba en el oasis”. Es el clásico augurio, aunque bastante tosco, pues en vez de descifrar el acertijo del vuelo de los pájaros, al pastor le basta verlo para tener visiones.
Hay un ingrediente adicional que hace más eficaz el recurso al pensamiento esotérico. Para volverlo doctrinalmente inofensivo, para despojarlo de todo peligro satánico, Coelho lo combina con dosis adecuadas de cristianimo tradicional: citas de la Biblia, cuadros del Sagrado Corazón de Jesús, rezos del Padrenuestro… El público mayoritario no se siente en pecado porque lee herejías, y el narrador, al tiempo que se hace pasar por alguien dotado de poderes paranormales (capaz incluso de telepatía), deja saber que él es también un buen cristiano, a pesar de sus coqueteos con la magia.
 Hasta aquí algunos elementos temáticos que ayudan a entender, en parte, el favor de Coelho entre los lectores. Pero además de lo temático, conviene señalar también algunas estrategias narrativas del autor brasileño. Sus técnicas para ir tejiendo la trama son tan elementales que me recordaron de inmediato el estudio clásico sobre las formas canónicas del cuento infantil. Vladimir Propp, uno de los padres de la narratología, publicó en Leningrado su monumental Morfología del cuento infantil (1928). El principal mérito de este gran trabajo consiste en haber hallado, por encima de los argumentos superficiales de cada cuento, una serie de elementos formales repetitivos. Mirados al microscopio, es posible descubrir que en todos los cuentos de hadas los personajes, por distintos que sean, acometen siempre las mismas acciones, se ven envueltos en situaciones o “motivos” análogos. Como señala Propp, “cambian los nombres de los personajes, pero no sus acciones, o funciones, por lo que se puede concluir que el cuento le atribuye operaciones idénticas a personajes distintos”.
 No voy a decir que Coelho leyó a Propp, estudió cuáles son las “funciones” más elementales del relato tradicional descubiertas por el ruso, y con esta receta se dedicó a escribir el oro en polvo de sus novelas. Eso sería muy sofisticado. La cosa es más simple: Coelho usa, intuitivamente y con alguna destreza, las estructuras más primitivas del cuento infantil. Tomen ustedes cualquiera de los libros de Coelho y verán lo fácil que resulta identificar situaciones como las siguientes, señaladas por Propp en su Morfología: “El héroe abandona la casa”; “el héroe es puesto a prueba o interrogado”; “el héroe se pone en contacto con alguien que le dará un don”; “el héroe recibe un objeto mágico”; “el héroe cae en desgracia”; “el héroe se traslada o es llevado al lugar donde está el objeto de su búsqueda”; “el héroe lucha con un antagonista”; “el héroe regresa”; “el antagonista es castigado”; “el héroe se casa y sube al trono (u obtiene grandes riquezas)”.
 Es inútil cansarlos con los ejemplos detallados en que las historias de Coelho parecen calcar literalmente estos esquemas elementales. Les puedo asegurar que, al menos en sus primeros libros, el brasileño repite paso a paso las estructuras narrativas reveladas por el gran formalista ruso hace casi un siglo (y éstos sí que son pronósticos: Propp no sólo describió la tradición popular, sino que anticipó las recetas de un gran éxito editorial).
 Los libros más recientes de Coelho, por ejemplo el último, Once minutos (2003), son un poco menos rudimentarios que aquellos primeros títulos que lo lanzaron a la fama. En este caso la trama, nutrida por algunos elementos realistas (para esta novela Coelho usó el testimonio de prostitutas existentes), es menos infantil, menos predecible. En todo caso es posible que el inevitable desencanto que viene con los años haya hecho que este último libro de Coelho sea menos ingenuo. Pero el buen gusto estético e intelectual es muy difícil de adquirir, y por lo mismo Once minutos (el cálculo de Coelho de lo que dura un coito), aunque menos esquemático, es un libro incluso más cursi que los anteriores. No quiero afirmar nada que no pueda demostrar con citas textuales. ¿Cuántos ejemplos necesitan para convencerse de la irremediable cursilería de Once minutos? Podría usar un número mágico, de esos que les encantan a los autores de cuentos infantiles, siete, o tres. Para no exagerar, me voy a limitar a tres momentos:
 1. La protagonista (prostituta brasileña que trabaja en Suiza, y la sola situación es ya de un sentimentalismo telenovelesco), se encuentra con un pintor joven que la invita a su casa. Ella observa que la casa es grande y está vacía. Entonces concluye: “Debía de tener dinero de verdad. Si estuviese casado no osaría hacer aquello porque siempre había gente mirando. Entonces era rico y soltero”.
 2. En el final feliz de la novela este mismo pintor se le aparece a la muchacha con flores: “Ralf llevaba un ramo de rosas, y los ojos llenos de luz que ella había visto el primer día, cuando la pintaba”.
 El rico y soltero que en la última página se aparece con un ramo de rosas y se lleva a la muchacha a conocer París es una situación tan perfectamente cursi que, por kitsch, creo que ni Corín Tellado se atrevería a ponerla en una fotonovela. Pero al promediar el libro hay otro momento todavía peor:
 3. La prostituta le hace un regalo al pintor del que se empieza a enamorar. Abre el bolso y busca su bolígrafo. Dice: “Tiene un poco de mi sudor, de mi concentración, de mi voluntad, y ahora te lo entrego. (…) Tú tienes mi tesoro: el bolígrafo con el que he escrito algunos de mis sueños”.
 Fuera de la ridiculez de la frase, que es única, hay algo todavía más perturbador: al leerla uno se imagina que el autor está copiando aquí su propia vida. Me parece ver la escena; el multimillonario que ha vendido 54 millones de ejemplares con tantas revelaciones de su estro poético, le muestra a una muchacha el objeto mágico (y fálico) con que la va a conquistar. Le dice, pensando ya en el colchón de la suite que los espera: “Te entrego mi tesoro: el bolígrafo con el que he escrito algunos de mis sueños”. Debe tener un bolígrafo para cada día, cada hotel y cada viaje. Y algo más triste: seguramente algunas víctimas, igual que miles de lectores, se dejarán conquistar con semejante frase y semejante halago. Claro que esto último es lo único que no puedo demostrar de todo lo que he dicho sobre Coelho en este artículo. Esta última situación tan sólo la supongo y es sólo una hipótesis sin fundamento, producto de una mente malpensada; todo lo demás lo he tomado directamente de sus libros.
Texto tomado de la pagina: http://www.hectorabad.com/por-que-es-tan-malo-paulo-coelho/.

El estudiante hará un comentario respondiendo la siguiente pregunta con un valor de 0.2 de la nota de clase

¿QUÉ TIPO DE TEXTO ES EL HÉCTOR ABAD FACIOLINCE, SEGÚN LO TRABAJADO EN CLASES?


martes, 30 de enero de 2018

Link del programa Vamos Para la Universidad

Buenos días. Acá en la parte de abajo encontrara en Link que los direccionara hacía la ddirección de inscripción del programa Vamos Para La Universidad.


LINK: http://ingenieria2.udea.edu.co:8080/rep/publico/inscripciones/inscripcion_estudiantes.xhtml


Mil gracias queridos estudiantes.

martes, 23 de enero de 2018

Dialogo a la soledad del amor





Ahora te paseas con el amor de tu vida.

Una persona amable y sencilla, como lo era cualquier humilde pobre.

Nadie te puede decir que no sientas de verdad que estas enamorada. Se te sale por los poros que andas feliz como si la felicidad pudiese mostrarse como una fotografía o como una mujer omita.

Asegúrate que no se te escapen los bellos momentos, como el viento lo hacía cuando jugábamos en el bosque largo e infinito. Solos tu y yo, por la senda del camino donde ningún furtivo asechaba.

Ten presente que el tiempo escapa tranquilo. Y los recuerdos van y vienen como sendas precisas en los lugares precisos.

Recuerda que nadie obrara en tu pensamiento como lo hacía el hombre intelectual: de letras, de poemas, de locuras góticas en centros de inocencia.

La vida cruel nos somete con la mentira. Pero el sentimiento es aún más cruel. Soslaya en los rincones donde brizno el aliento del animal.

Y en las noches (con luna y sin ella) el ardiente deseo de la vida se place de culpa y nostalgia porque no hay más que frio helado e insustancial.

Y ante la adversidad, ten presente que nada es tan humano como el poder del héroe que lucha siempre por conquistar tierras nuevas.

Mientras, camina firme. Como si el puente se estuviese derrumbando, y tú como sostén, mantienes la firmeza en tus pies. Nada va a suceder en un tiempo perdido. Tan solo es el ruídaje de peces que te asustan mirando lo alto que viajas y además quieren devorarte por su hambruna si llegases a caer.

Ante la soledad: mantén el pensamiento activo. No loco. Pero si altivo.

 Cuando sientas tristeza, recuerda que ella hace parte de la esencia de la vida. Igual vamos a morir y otros irán a llorar sin saber los porqués.

Mientras tanto, observa la vida con toda su esencia por delante. Y disfruta de los buenos momentos con tus amigos.

jueves, 18 de enero de 2018

Andrea Jhonson Poeta


Andrea Jhonson

Poeta

El perfil de la poeta en las redes sociales es muy diciente. Su entrada en una de sus fotos, a su pie de página en Facebook dice lo siguiente: “…Y así con la mirada triste y la sonrisa quebrada, hubo quién la encontrara inolvidable…! Inolvidable son sus escritos cortos, enamorados, versátiles, eufóricos con los cuáles una escritora nacida en Yarumal Antioquia nos place en sus redes sociales.

Su nombre es Andrea Jhonson. Tal vez sea el de su seudónimo o el de sus místicos misterios que se esconden detrás de sus cabellos oscuros. Nunca se lo he preguntado. Aborrezco hacer preguntas pretenciosas a personas importantes.

No siendo esta una reseña habitual (más bien una de las pocas charlas que se tiene con los poetas como el compartir un café y un cigarrillo o una cerveza y un cigarrillo, o cualquier cerveza y otro café porque aborrezco el humo) de la que uno se siente identificado por cada palabra que sale de su mano.
La poesía de la escritora me recuerda la primera vez que me enamoré. Una de las muy sencillas ocasiones en las cuáles el amor llega de repente y lo convierte en un pleno autómata de fragatas de deseo y de euforia. Terminaba mi carrera de Licenciatura en Educación y deseaba en lo más íntimo no enamorarme. En pleno séptimo semestre decido aborrecer mi estancia en solitario y aceptar el destino con el cuál el amor mostraba su cara agradable. Sentía que era más importante mi vida en el amor que mi vida profesional. Duré tres largos años absorbido por llamadas interminables, encuentros en pizzerías, bailes es antros de discotecas, visitas a parques y detrás de todas esas abominables pesadumbres el amor clavó su aguijón como el cuento de Truman Capote y el dolor en la palma de la mano se hizo incipiente y duradero. No digo que todo fue duradero e incipiente como lo es la lectura y la escritura, sino que deje de escribir como se debe a la par de la mano de un profesor y eso es lo que me causa un castigo enorme. 

Decía, antes de contar mi historia, que la poesía de la joven Andrea me llevó de nuevo a rememorar todo este tiempo transcurrdido, bajo palabras cortas, sencillas y claras. Cada una de sus palabras eran como un verso mitigado en mis entrañas. Algo que me causaba ese deseo que en algún momento el alma desea y se le ha escapado. Eracomo encontrar una fusa en la sinfonía de Chopín. El amor nos deja en un estado de duelo y nos causa cierta nostalgia. Algunas de esos sentimientos se trasladan a diferentes momentos de la vida y se transforman como elementos catárticos. Uno de ellos lo fue la poesía de Jhonson. 

Los siguientes años que siguieron a mi duelo los conservé bajo las mismas entrañas del inconsciente y escribí bastante. Me dedique a mi carrera de psicología y a mi trabajo en la docencia. Algunos caminos por la promoción de lectura en diferentes entidades. Debo complementar que siempre he tenido la premisa de no dejar la escritura por encima de mi trabajo. Sin embargo, bajo la esperanza de ser sincero conmigo mismo, debo confesar que mientras estuve enamorado deje de hacerlo. Por lo menos deje de hacerlo como se debe. Con la constancia y la pertinencia que se debe.
Por lo anterior cuando me encontré con las frases de la poeta creí estar de nuevo sumergido en ese sentimiento. Y ello me pareció agradable. El poeta bueno hace renacer los momentos impensables en la mentes de sus lectores. Y precisamente esta escritora tiene mucho talento para hacerlo.

Siendo, entonces un poeta, siempre he de tomar como presente el sentido de la palabra como el único ámbito de belleza, armonía y de vital importancia en las letras. 

Andrea Jhonson es nacida en Yarumal Antioquia es licenciada en humanidades y ha participado en diferentes festivales departamentales de poesía como el “Festival Jairo Carrasquilla” que se realiza en Rionegro Antioquia; también en el festival independiente “Poetas sin voz” de Santa Rosa de Osos. Además, ha sido la organizadora del festival “Rogelio Rivera” de Yarumal Antioquia en su primera versión.

Acá una de sus fotografías. Tomada de su cuenta de Facebook. (c0n licencia de la autora).


De ella quiero rescatar algunas de sus frases. Coloquiales, esenciales y duraderas. Uno de sus escritos dice lo siguiente:

"Ahora tienes lo que tanto deseaste, un novio de esos a todo dar que te regala flores y te lleva de la mano a caminar por el parque, te llama muy temprano a decirte que soñó contigo y que extraña tu boca de azuquitar y café.
Tiene tu foto en sus redes sociales y desparrama todo su amor ante conocidos y extraños, hace planes contigo y te lleva a sus viajes por la playa, al bosque y a la casa de sus padres.
Ahora tienes lo que tanto buscaste, esa figurita escasa en los álbumes de las chicas, ese uno en un millón caído del cielo, responsable, amoroso y siempre atento.
Pero lo que amas niña lo tienes guardado en el fondo de los secretos, a veces pasa por tu lado con un olor a hombre renegado, a recuerdo viejo; bajas la mirada, aprietas la mandíbula y se te amarga la sonrisa de nuevo".
 

Después de leer su escrito y observar su mística se da uno cuenta que anda detrás de una mirada profunda de la vida. Cada una de las palabras esta mágicamente en su lugar. Quiero resaltar algunas de ellas: Azuquitar, figurita. Dos palabras con las cuales acentúa aún más la concordancia del poema. Porque en últimas es un pequeño poema del verso libre. Y hay algo que aún me asombra de la forma en que la poeta escribe. Fíjense ustedes lectores: La voz con la cual habla. La poeta toma una voz de hombre, varonil, para expresar aquello que declama el personaje que escribe. Algo totalmente admirable. ¡Que una mujer hable desde una voz de hombre! Como lo es también de dificultoso encontrarse a un hombre que hable con una voz de mujer. Tal vez Henrry James y James Joyce los genios para la escritura creativa.
Particularmente me ha parecido uno de sus mejores escritos por las razones dadas. Sin duda alguna la poetisa de Yarumal nos ha querido mostrar una pequeña faceta de la forma en la cual escribe. Y sin duda alguna es una de las mejores para nuestra lectura.

La escritora goza de una aprticularidad prematura. Le encantan los poemas que transmiten el deseo por la palabra corta. Tal cuál si el diminutivo fuese el más preciado de sus sentimiento. Veamos uno de ellos:

CARIÑITO

 Volver caminando a hurtadillas al lugar donde hemos sido felices y encontrar despojos de una sonrisa, la caricatura de un hombre arrojando piedras a su recuerdo de niñez, para que éste le devuelva nostalgias. Tratar de encontrar en los trastes viejos el sabor a la sopa de mamá, sin saber cocinar. Buscar en el patio la canica que enterramos cual tesoro 20 años atrás, porque hoy otro niño nos invita a jugar. Ahorrar centavos para malgastar mañana; equivocarse en el amor, y con botella en mano y veneno en el hígado jurar nunca más, para sin remedio volverse a enamorar. No te espantes cariñito, es la vida, que paso a pasito nos arrastra sin mucho afán.

Al leer a la poeta, con sus versos místicos y centrados bajo una esfera de lo preciso uno se pregunta ¿Acaso es posible que una mujer hable de manera tan sublime? Precisamente son incontables los poemas en los cuáles uno puede sentirse encontrado por la demencia de la palabra. Pero sentirse realmente claro, dentro de sí, dentro de esa esfera que llaman renuncia y esmero a lo desmedido eso es lo que transmite los versos de la escritora.

Sin dar más preámbulos a una de sus joyas poéticas, vamos con lo que verdaderamente vale la pena leer en voz alta ( a la manera Flauberiana) para sentir que el poema transmita la exactitud de su virtud:



Amor, amor,

yo le digo amor,

como decirle sustantivo o verbo,

y sé que usted no me va entender,

porque esta palabra le queda chica,

le tiene miedo.

Por que si el mundo nos viera,

como nos ve el mundo,

dirían: ellos se aman, y eso sería común.

Pero si el amor tuviera otro aumentativo,

por encima de este,

estaríamos nosotros.

Por eso yo le digo amor y usted no me oye,

porque sabe  cómo está de condicionado,

y a nosotros no nos gustaron las condiciones.

Por eso yo no le digo amor,

para que usted no me pierda,

para que al no nombrarlo  lo sienta.

Y dicen muchos que si no se grita, no se siente,

pero usted y yo sentimos como pocos,

silenciosamente.

No necesitamos que los compaces del tiempo

nos dibujen un camino,

porque nosotros inventamos el destino

por los desechos.

A lo que los demás  llaman extrañar,

podría ser para usted, para mí,

firmeza.

No estamos juntos bajo la misma casa,

no nos mentimos fidelidad completa,

pero vamos sangre a sangre por el planeta,

queriendo al revés, y viceversa.

Y usted en su revolución quiere

que yo le enseñe al mundo a amarse así,  

con esta loquera;

pero el mundo es muy mundo,

quiere como cualquiera.

Amor, amor,

yo no le digo amor,

pero usted lo sabe, me  sobreentiende.

Agradezco enteramente a la escritora por dejarme publicar sus poemas en el blog. Y los invito a seguirla en las redes sociales. 

martes, 16 de enero de 2018

Pablo Nerura. Poema XV. Cien sonetos de amor.

Pablo Neruda

(Seudónimo de Neftalí Ricardo Reyes Basoalto; Parral, Chile, 1904 - Santiago de Chile, 1973) Poeta chileno, premio Nobel de Literatura en 1971 y una de las máximas figuras de la lírica hispanoamericana del siglo XX. A la juventud de Pablo Neruda pertenece el que es acaso el libro más leído de la historia de la poesía: de Veinte poemas de amor y una canción desesperada (1924), escrito a los veinte años, se habían editado dos millones de ejemplares a la muerte de su autor.

Del amor apasionado y cálidamente humano de los Veinte poemas, con resabios modernistas pero plenamente original en sus brillantes imágenes, pasaría Neruda a expresar con la fuerza de un surrealismo personal el sinsentido del hombre y del cosmos en Residencia en la tierra (1933-1935), para construir una nueva fe desde el compromiso político en la épica del Canto general (1950) e inclinarse finalmente por la sencillez temática y expresiva de las Odas elementales (1954-1957). Siempre receptivo a las innovaciones estéticas, su copiosísima producción, que incluye multitud de libros además de los citados, reflejó las sucesivas tendencias en el devenir de la lírica en lengua española y ejerció una fuerte influencia en poetas de todo signo.


Poema XXV. Cien sonetos de amor.

Antes de amarte, amor, nada era mío:
vacilé por las calles y las cosas:
nada contaba ni tenía nombre:
el mundo era del aire que esperaba.

Yo conocí salones cenicientos,
túneles habitados por la luna,
hangares crueles que se despedían,
preguntas que insistían en la arena.

Todo estaba vacío, muerto y mudo,
caído, abandonado y decaído,
todo era inalienablemente ajeno,

todo era de los otros y de nadie,
hasta que tu belleza y tu pobreza
llenaron el otoño de regalos.

Link del audio: Link del audio
Nos gustaría conocer tus opiniones acerca del Blog. Deja tu comentario.