¿Y ahora, que será de nuestra vida si ya
hemos regresado a la vigilia?
Cuando mires a las estrellas y las señales
con tu dedo índice: soñarás…
Soñarás con sonreírle al tiempo y verle su
rostro amable,
soñarás con los vestigios de las palabras
enmudecidas,
soñarás con los amaneceres claros y el
rescoldo de la palabra dicha,
soñarás con las tardes pesadas y abruptas en
malestares de cansancio,
soñarás con la visión del café entre tus
manos y el no presente de la vida,
soñarás con desear al que estuvo a tu lado y
partió sin decir adiós,
soñarás con lo que sueña un loco y no
descifrarás la idea del viento,
soñarás con el poema del Domingo Triste que tanto
guardas debajo de la cama,
soñarás con las cartas no encontradas que te
hicieron falta para recomenzar,
soñarás con lo más íntimo de tus fuerzas y
lucharas por desaparecer de la playa,
soñarás y no soñaras porque el soñar es una
idea que se construye a par,
cómo se construye una balsa y se necesita
del martillo y el clavo, porque a pesar de todo el tiempo corroe sin miedo y
causa el cansancio que da el litigio de la vigilia: pesadumbre, anhelo,
recuerdos…
Soñaré en mi aunque el deseo se haya ido,
decía el poeta.
Y tú, pequeña hija sin padres adoptivos de
letras serás una más perdida en el desierto…

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