jueves, 29 de agosto de 2013


RESEÑA CRÍTICA

 
D.H. Lawrence. El amante de Lady Chatterley. Alianza.1926.Pág. 381

 Las novelas inglesas siempre han sido de gran admiración para quien desee conocer lo realmente artístico  y estético en  una obra literaria.

Una obra de tal envergadura solo será conocida en nuestra época como la vital característica de un amor sin fronteras, de arraigo y desenfreno. Quizás en estas características fue prohibida su lectura, pero que en manos de un lector compulsivo –quizás como lo sea ahora mismo- será admirada y hasta disfrutada con un éxtasis extremo.

En el año 1917, en Inglaterra la obra de Lawrence, forma un espectáculo primario. Su obra con vestigios sexuales se desarrolla en el pleno auge de la guerra civil, en donde la funcionalidad de la cultura conservadora es arraigada. En este país la obra por su contenido obceno fue prohibida. Recuperada por otros países por su gran contenido literario y amoroso después de encontrarsen algunos manuscritos.

La obra desarrolla una  incapacidad de proceder, de vivir en el pleno amor literario, con el auge de un pensamiento de un escritor  conocerdor de la personalidad humana y la sexualidad. 

 Wragby, población del desarrollo de la obra, ha quedado bajo la herencia de Clifford. Hombre sensato, quien después de participar en la guerra civil queda en silla de ruedas. Se casa con Connie, antes de la tragedia. Esta lo ama, probable mente bajo las circunstancias. Sin embargo, el amor necesita ser cultivado bajo una representación pulsional – según Freud-, motivos por  los cuales lo  traiciona para encontrar su felicidad.  Connie mujer bella, sensible y de fácil acceso busca la realización para su vida, decide traicionarlo con un amante. El guardabosque de Wragby.  Mas ahora, junto a Clifford anhela el deseo de tener una hijo. Y entre los dos deciden hacerlo realidad. Ella busca un amante funcional, que participe del hecho.  Viaja a Londres para que su esposo crea que tendrá un amante para disolver sus proyectos al engendrar un hijo, sin embargo en este punto sucede el punto climax de la obra, su trascendencia como lenguaje Literario.

Una historia con sabor amargo de felicidad, juntos los amantes gozan del temible escandalo frente a su relacion, la infedelidad de connie,  y  el sentimiento de deseo a flor de piel, la historia desarrolla una trama espeluznante. Una gran redacción unánime de un gran maestro, este quizás sea el valor de la obra pues cuanto más la vida y el amor son ajenos al destino, más lo es la originalidad en una obra sentimental.

En este viaje, Connie recibe una carta de Clifford. Las palabras en esta carta marcan el rumbo más significativo de la historia. El Guardabosque fue visitado por su esposa, esta le encontró un libro donde estaba inscrito el nombre de Connie. Ella en un ataque de celos anunció a todo el poblado que su amante era la propia Lady Chatterley, escándalo público que obligo a Clifford a actuar desmedidamente. Bajo un impulsó de insensatez despide al guardabosque. Y este envía una nueva carta a su amante, en ella le da cuenta de las dificultades de su relación.

 Un anhelo por vencer la adversidad, por descubrir la felicidad y el encuentro con la realidad. Una obra magistral quizás su rechazo a leerse en aquella época evidencia la realidad de una sociedad del siglo XXI, una con la cual el destino son la razón verdadera del actuar, de la sexualidad descubierta por Sigmund Freud en Viena por aquella época.

Su cierre es magistral, a la aparente burla de los hechos Connie escribe a Clifford confesando su idilio. Este abrumado por la noticia se transforma ante la pérdida de un ser, de su vida, de su respiración. Un estado de psicosis  ante los ojos del psicoanalisis.

Una historia abrumadora, que desde sus inicios muestra al ser humano en su vital sensibilidad, en su mayor expresión de amor y existencia. Las palabras últimas de la novela son reservadas para el guardabosque, quien en tres páginas permea en el llano sentido de la unión entre una mujer y un hombre.

                                                                                                       Raúl Andrés Ocampo Botero
                                                                                                                     29 de Agosto 2013
                                                                                           
 
 

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