Algún día iré a tu vera.
Así comienza un gran poema
de León de Greiff. Y en estas letras que deseo describir en adelante no puede
ser otro tema diferente que el apropiado para este autor. El amor. Y a ello
debo confesar que siempre el amor pone de antemano una gran lucha, no solo de
una persona sino de muchas, por ejemplo El Ingenioso Hidalgo Don Quijote de la
Mancha en sus tantos pensamientos deseaba adorar a Dulcinea del Toboso, ella
una mujer inanimada – pues no existió en la época sino que fue invento de la
locura del personaje-, era el motivo principal de sus decisiones. A tu vera,
relaciona unas acciones que si bien tienen una forma clara y explícita también
pueden ser consideradas como autóctonas. Es decir que nacen del propio ser, como le nacía
al personaje de Cervantes.
Y para que el lector
entienda la verdad del asunto debe tener en cuenta que siempre en la vida
existe una mujer que busca nuestra alma, la que sin duda nunca escapa al amor. Algunos lo llaman traga. Esa que se le aparece
a uno por cualquier lado y en cualquier momento. Por esa mujer somos capaces de
hacer cualquier cosa. A mi me paso un día: en medio de una borrachera salí a
buscarla, llegue a su casa y la encontré dormida. Solo su madre me dijo que no
volviera por esos lados nunca más. Lo más triste del asunto es al otro día con
la cara de la vergüenza encima, subí hasta su casa y en la mano una rosa. Pero
esta rosa no fue para mi novia, sino para su madre.
Algún día. Son dos palabras
con una sinceridad enorme. Tal vez, quizás, o nunca extrañen su significado
verdadero. Pero lo seguro si será es no hay nada cierto. Como tan seguro me
encuentro de que mañana será un día soleado, o que el papá Benedicto renunciara
próximamente. Eso si será una verdad absoluta.
En la poesía como en el amor
se cometen los presagios más absolutos, de los cuales a quienes les encantan
gustan de la poesía y del placer que ella nos brinda. Por tal motivo si algún
día crees que la poesía te habla solo escucharla.
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